jueves, 16 de junio de 2011

El traficante de muerte

Llegó en algun punto de la madrugada, con su elegante traje, su crucifijo de oro, y el pentagrama tatuado en la palma derecha. Jugueteo con unos periodicos abandonados en una esquina sucia, hizo que algunas lamparas estallaran y le prendio fuego a la estación local de bomberos.

Entro la iglesia, causando un llanto prolongado en todas las figuras que manchaban sus rostros de sangre, el sirio sagrado se derritio y las heridas del cristo se abrieron. Ingresó a la habitacion donde las monjas dormian. Cerró la puerta con un fuerte ruido.

Las mujeres se despertaron entre el terror y la fé.

- ¡Damas!- sañudo el traficante con total confianza, su voz era suave y agradable, muchas creyeron que Jesús había bajado y ahora le hablaba- lamento la interrupción, pero el padre Palma no se encuentra y necesito la información del niño, asi que- su voz cambió y se hizo grave- ¿donde está el niño?

El padre Palma no se encontraba esa noche, aparentemente al tomarle la mano al niño lso clasicos estigmas se manifestaron sobre él. Sor Teresa recordó la conversacin con el padre esa mañana: nadie debia saber del niño; se extendio y tocó al monstruo con el rosario que el papa Juan Pablo habia bendecido hacia ya 15 años.

Una sonrisa, malevola se dibujo en la cara del traficante:

-Por favor hermana, ¿de verdad cree que un trozo de plastico va a detenerme?

-¡ El niño está en el aeropuerto, el padre Palma pidió que lo traladaran a la santa sede!- se escucho en el fondo de la habitación.

El rostro de Sor Teresa dejo ver el panico desgarrador que subia por pecho, el hombre rió

- Me agradan las respuestas simples para preguntas simples- se dio la vuelta, libero la puerta que se abrió dejando entrar un olor a limón, posó nuevamente su penetrante mirada en la cara descompuesta de Sor Teresa y proclamó: mucho cuidado hermana, por que todos estarán pronto en el punto ciego de Dios.

Se marchó en algun punto de la madrugada, sin mas testigos que las 12 monjas del pueblo y una estación de bomberos aterrados.

El traficante de muerte se desvanecio en la noche fria mientras la impaciencia lo consumia; iba camino a conocer a Lucifer encarnado

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