domingo, 5 de febrero de 2012

La envidia.



Su hogar se hallaba vacío.  Sus hermanos habían partido y su padre pasaba la mayoría del tiempo solo, y si acaso se dejaba ver era para mostrar una mirada melancólica llena de dolor y tristeza.

Ya aborrecía eso,  sentía que era prisionero de  su padre y de ese lugar. Sus hermanos eran libres y felices, y sobre todo no tenían que tolerar la depresión de su padre. Era obvio a él le habían dejado los trabajos mas duros mientras sus hermanos, a los que su padre amaba estaban libre descifrando el resto del mundo.

No lo toleraría, no sería más el hijo ignorado. En mitad de uno de sus comunes ataques de rabia se presento ante su padre sin llamar a la puerta y sembrando  una daga en su pecho le dijo que se iba.

Su padre no salió a despedirle. No le dio su bendición. No lo maldijo, ni siquiera le dirigió la mirada; sólo palmoteaba la cabeza del único de sus hijos que aun deseaba acompañarle. 

1 comentario:

  1. Es interesante ver cómo muchos enloquecen con el mero desprecio, con el desconocimiento del pensar del otro. Historia qué nos pasa a todos.

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