"Y parirás a tus hijos con dolor" Fue lo ultimo que escucho de la gran voz celestial. Nunca, entendió esa frase, la repasaba una y otra vez en su mente si comprender el alcance de estas palabras. Cuando sus hijos vinieron al mundo, creyó que se refería a eso: El dolor desgarrante que la travesaba y amenazaba con partirla a la mitad.
Luego sus hijos crecieron y empezaron a lastimarse: un tropezón por aquí, un corte por allá, una cicatriz que se alzaba por su inmaculado manto de piel. Pero no fue hasta que uno mato al otro luego partio a tierras desconocidas que supo el verdadero dolor de tener un hijo.
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