El vidrio vibraba con cada piedrecilla que Antonio tiraba,
pronto Aurora asomó su cabeza por la ventana, le hizo señas para verse en el
jardín trasero y luego retorno a su habitación oscura. La media luna iluminaba
de manera misteriosa el rosal de la casa, la figura de Aurora, como una diosa
de plata y cristal atravesaba el patio a paso firme.
"¿Es cierto lo que dicen? ¿Que te vas a casar a
Marcos?" A pesar de la escasa luz, Antonio vio como Aurora se sonrojaba
avergonzada y ocultaba su rostro entre sus manos.
"Pero yo te amo, huye conmigo" Aun sin levantar la
mirada, ella niega y susurra "Yo también te amo, pero Marcos es un
hacendado y tu apenas un peón"
Antonio no puede dar crédito a sus oídos y con una sonrisa
triste, extiende su mano, toma el rostro de su amada y la obliga suavemente a
mirarlo a los ojos.
"Te amo tanto, que espero que tu vida sea prospera , llena
de pasión y salud, pero escúchame bien pues así te maldigo: que estés durmiendo
con otro hombre, pero soñando conmigo"
Antonio se marcho en medio de la noche mientras aurora se
estremecía al pensar en su maldición.
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