Tras años de trabajar en la construcción y sacar a sus tres hijos adelante, de enterrar a su esposa y despedirse de sus amigos, el viejo pensionado hacía que su tos resonara en todas las salas del hospital. Años de duro trabajo y privaciones sólo le habían dejado una vejez solitaria y un par de radiografías donde se observaban un par de pulmones rellenos de cemento.
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