martes, 17 de junio de 2014

Día 136: Afelio

Es el punto más alejado de la órbita de un planeta alrededor del Sol. Es el opuesto al perihelio.

“Baba de serpiente,  grasa de gusano, cuello de araña, pleura  de ciempiés, medula de hormiga, raíz de sauce muerto, piel de anguila y corteza de jengibre seca” La mujer revolvía la mezcla mientras recordaba en su mente milenaria cada ingrediente cosechado y agregado con mucho cuidado, en el caldero.
Bajo la medula de la noche, con la potencia de las estrellas brillando y el sol alejado en tiempo y espacio sin su entrometida energía que arruinara los planes. Agrego tierra de cementerio y la mezcla se espesó al ínstate, como un montón de lodo presto a endurecerse. La bruja escupió en el centro exacto de la pócima y esta se volvió liquida y ligera como una tinaja de vino.

La bruja sacó el cucharón y releyó la receta: “Cuando todos los ingredientes caigan en el caldero y la mezcla no pueda diferenciarse del vino tinto, en el séptimo afelio del siglo y con la luna llena en su tercer día, en la séptima hora de oscuridad, debe introducirse una gota de sangre y dar a beber en los próximos 77 minutos a la victima”

La bruja miro el firmamento: la luna llena en su tercer día se elevaba como única cómplice de la extraña y única serie de eventos que se habían confabulado con el odio de la mujer: señal inequívoca de su esperada victoria. Sirvió una jarra y el resto del preparado se volvió tan ligero que se evaporo en la noche; sólo tenia una oportunidad.  

Adentro del castillo, la elite de la sociedad bailaba al son de una banda extranjera, traída para el cumpleaños de la Reina, quien saludaba con desdén desde su trono. La bruja, disfrazada como sirvienta se acercó al oído la Reina y le ofreció una copa de vino “Su majestad, un regalo de las tierras del norte”. La Monarca se puso en pie y todo el sequito guardó silencio mientras la bruja desaparecía entre la multitud.

-Hace meses, se le dio la advertencia al reino del norte que cediera sus tierras y sus riquezas o se prepararan para la guerra…Y ellos respondieron con una copa de vino –La Reina hizo un ademan de brindis y todos en la habitación rieron –Creo que han dejado muy claro su decisión final.
La Reina dio un trago largo a la copa: el vino era dulce y ligero, como sorber una nube, al tragar dejaba una sensación de frescura en la garganta como de menta en los pulmones. Una sensación de mareo se apoderó de la Reina, la habitación daba vueltas y una presión de crecía desde el estomago.

Cayó de rodillas mientras varios sirvientes se acercaron a ayudarle, al levantarle, vieron como su cuerpo se hinchaba repentina y continuamente, una cuantas gotas de sangre se deslizaban por su nariz y una línea bien definida se abría paso desde su oreja hasta su cuello para perderse en su vestido. La multitud se acercaba curiosa ya terrada, impulsados por el morbo de la urgencia, se  abrieron pasó entre muebles y escalaron otros para ver de primera mano lo que le ocurría a la mujer.
Repentinamente, con un grito desgarrador salido desde una garganta que ya no podía ser humana, las entrañas de la reina salieron disparadas, rasgando su envoltura de carne y  volando a lo largo y ancho de toda la habitación, salpicando a nobles y esclavos por igual.


Mientras tanto, una vieja bruja galopaba en un caballo negro, camino hacia las tierras del norte para cobrar por este trabajo. 

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