La tierra reseca y muerta estaba ocultaba bajo capas y capas de aire
denso y caliente, estoy seguro que ese aire es la arena que ha estado entrando
en mis pulmones, enlodándolos desde hace ya tres días. Tenia la cabeza tan
caliente que mi recuerdos parecían derretidos, sólo quedaba imágenes borrosas
sin diálogos ni contexto.
Casi podía jurar que tenia un auto averiado en algún lugar entre las
dunas y que seguía un mapa arrancado de mis manos por el viento. El sol me
secaba los ojos y mi cuerpo parecía decidir que continuar sudando o
humedecerlos. Sentía las rodillas llenas de agujas, hace mucho que no orino (no
es como si tuviera ganas) y tengo la sensación de que mi boca esta llena de
arena; mi campo visual se ah reducido a un punto fijo bien definido mientras
todo lo demás se reduce a luces borrosas y difuminadas. Una fuerza invisible e
impalpable me impulsa hacia adelante; tardo un rato en darme cuenta que es el olor a agua fresca.
Esta idea impulsa la sangre espesa por mi venas, la idea de agua y
sombra era embriagante y casi me conducía al júbilo. Imaginaba remojar mi
cabello, humedecer mis labios, meterme hasta la cintura y sentarme un rato en
el agua fresca; y obviamente beberla. Mi garganta reseca demostraba sus ansias
ante esta expectativa con dolor punzante, como si me estuviera tragando una
cuchilla de afeitar.
Pronto apareció en el horizonte la figura de una palmera sobre una
colina, podía imaginar el agua cristalina evaporándose hacia el cielo, el olor
a humedad llenaba el aire seco y en un ultimo ataque de jubilo me lancé
corriendo hacia la palmera. Mi corazón palpitaba fuerte en el pecho, como si también
tuviera arena en mis venas; podía imaginar a mi corazón impulsando una mezcla
similar al lodo casi seco.
A medida que avanzaba hacia al palmera, esta se iba alejando, podía
visualizarla sacando sus raíces (¿las palmeras tienen raíces? -¡Claro que tienen!
¿Si no, como se estaría alejando de mi?-Suena lógico) de debajo de la arena y
reptando como una estrella de mar: arrastrando su cuerpo a través del océano de
arena y alejado el agua en su camino.
Así que corro mas rápido, tragando arena que vuela por el aire y
haciendo que el corazón se me suba hasta la cabeza; los ojos se me llenan de
manchas rojas que no me dejan ver, la nariz se me llena de sangre y me siento
tan seco como la arena a mi alrededor. Subir la duna fue aun mas difícil,
sentía los pies atados a bloques de concreto, además la arena se movía bajo mis
intentos de escalar: mas que subir, yo estaba quitando la arenilla y reduciendo
el montículo. Estuve en ese proceso lo que parecieron ser mil años.
La noche cayó sobre mi, pero lejos de ser una manta de frescura, la
tierra parecía emanar aun mas calor y sin la luz del sol ya no podía ver donde
estaba la palmera; pero continúe buscando guiado por el olor de la vida y el
sonido del agua meciéndose en el pequeño oasis. Un sueño pesado me ataca y
tengo la certeza que no podré despertar de él, puedo sentir mis pulmones casi
llenos de la arena ensangrentada que me he tragado por todo el desierto. Caigo
hacia delante mientras un suave viento
hace que la duna camine y oculte mi cuerpo, ya casi sin vida en una tumba
reseca y movediza.
Mientras mi cuerpo se apaga y se rellena de desierto, la brisa sopla más
fuerte, haciendo que unas cuantas gotas de agua salpiquen mis dedos resecos.
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