lunes, 30 de junio de 2014

Día 148: Oasis.


La tierra reseca y muerta estaba ocultaba bajo capas y capas de aire denso y caliente, estoy seguro que ese aire es la arena que ha estado entrando en mis pulmones, enlodándolos desde hace ya tres días. Tenia la cabeza tan caliente que mi recuerdos parecían derretidos, sólo quedaba imágenes borrosas sin diálogos ni contexto.

Casi podía jurar que tenia un auto averiado en algún lugar entre las dunas y que seguía un mapa arrancado de mis manos por el viento. El sol me secaba los ojos y mi cuerpo parecía decidir que continuar sudando o humedecerlos. Sentía las rodillas llenas de agujas, hace mucho que no orino (no es como si tuviera ganas) y tengo la sensación de que mi boca esta llena de arena; mi campo visual se ah reducido a un punto fijo bien definido mientras todo lo demás se reduce a luces borrosas y difuminadas. Una fuerza invisible e impalpable me impulsa hacia adelante; tardo un rato en darme cuenta  que es el olor a agua fresca.

Esta idea impulsa la sangre espesa por mi venas, la idea de agua y sombra era embriagante y casi me conducía al júbilo. Imaginaba remojar mi cabello, humedecer mis labios, meterme hasta la cintura y sentarme un rato en el agua fresca; y obviamente beberla. Mi garganta reseca demostraba sus ansias ante esta expectativa con dolor punzante, como si me estuviera tragando una cuchilla de afeitar.

Pronto apareció en el horizonte la figura de una palmera sobre una colina, podía imaginar el agua cristalina evaporándose hacia el cielo, el olor a humedad llenaba el aire seco y en un ultimo ataque de jubilo me lancé corriendo hacia la palmera. Mi corazón palpitaba fuerte en el pecho, como si también tuviera arena en mis venas; podía imaginar a mi corazón impulsando una mezcla similar al lodo casi seco.

A medida que avanzaba hacia al palmera, esta se iba alejando, podía visualizarla sacando sus raíces (¿las palmeras tienen raíces? -¡Claro que tienen! ¿Si no, como se estaría alejando de mi?-Suena lógico) de debajo de la arena y reptando como una estrella de mar: arrastrando su cuerpo a través del océano de arena y alejado el agua en su camino.

Así que corro mas rápido, tragando arena que vuela por el aire y haciendo que el corazón se me suba hasta la cabeza; los ojos se me llenan de manchas rojas que no me dejan ver, la nariz se me llena de sangre y me siento tan seco como la arena a mi alrededor. Subir la duna fue aun mas difícil, sentía los pies atados a bloques de concreto, además la arena se movía bajo mis intentos de escalar: mas que subir, yo estaba quitando la arenilla y reduciendo el montículo. Estuve en ese proceso lo que parecieron ser mil años.

La noche cayó sobre mi, pero lejos de ser una manta de frescura, la tierra parecía emanar aun mas calor y sin la luz del sol ya no podía ver donde estaba la palmera; pero continúe buscando guiado por el olor de la vida y el sonido del agua meciéndose en el pequeño oasis. Un sueño pesado me ataca y tengo la certeza que no podré despertar de él, puedo sentir mis pulmones casi llenos de la arena ensangrentada que me he tragado por todo el desierto. Caigo hacia delante mientras un  suave viento hace que la duna camine y oculte mi cuerpo, ya casi sin vida en una tumba reseca y movediza.


Mientras mi cuerpo se apaga y se rellena de desierto, la brisa sopla más fuerte, haciendo que unas cuantas gotas de agua salpiquen mis dedos resecos. 

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