sábado, 31 de mayo de 2014

Día 120: Agonía.

Muchos me han dicho de lo terrible que es perder a alguien, que el peso su ausencia los aplasta contra el existir y consume sus respiraciones como carbón caliente que acaba de a poco con el aire de habitación. Pero la verdad es que ese peso cede, o uno se hace fuerte y con cada segundo de ausencias acumuladas al corazón ya no le pesa nada, mas que en calambre existencial que se da de manera esporádica.

Por otro lado, quien tiene que irse y no se marcha nos ponen a los demás con un peso insospechado y mas grande que la ausencia: la presencia. La presencia te llena de esperanzas, te obliga a mirar hacia adelante y al mismo tiempo te atrapa en la asfixiante habitación del ahora; un lugar donde no puedes ignorar la presencia del otro.

No creo ser cruel; y lo soy no me interesa, la agonía de cargar con tu sonrisa, con tus charlas en la tarde, con tu dolor de muelas y tu cara de nostalgia apesadumbran mi ser día a día, hora a hora, minuto a minuto. Y lo mas desgarrador de todo es saber que lo único que me salva del peso de tu presencia, sería el peso de ausencia.

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