Marco había querido visitar la costa desde haca varios años, pero ahora
que estaba de vacaciones en ella, ya no le parecía la gran cosa, era sólo un montón
de agua turbia llena de algas y las playas estaban llenas de basura y vidrios
rotos. La gente tampoco le gustó, todos parecían desesperados por venderle
alguna chuchería de recuerdo.
La noche tampoco le gustó, el olor de la sal no se iba y le irritaba la humedad
que se acrecentaba al bajar el sol. Marco caminaba por el muelle, tratando de rencontrar
el amor y la ilusión que lo habían traído a ese lugar para comenzar; pero uno
densa neblina cubrió la superficie del agua, dándole la sensación que estaba
mirando las nubes desde un gran rascacielos.
Un brillo llamó su atención, parecía ser una estrella que se acercaba,
así que Marco entornó los ojos: la figura de un barco apareció en el horizonte
y la luz parecía ser alguna linterna o algo así, aparentemente para indicar su
proximidad al puerto. Marco observó el barco en silencio, si él estaba tan
cansado de todo con sólo un par de días en la cota, no imaginaba la vida los
marineros.
Marco se percató que en el puerto no había nadie para recibir la
embarcación ¿Qué planeaban esos hombres? Una oleada de neblina sopló desde el
sur envolviendo el barco y haciéndole desaparecer.
Marco sintió el pavor correr pos venas, así que empezó a alejarse, para
cuando se dio cuenta, iba a tota carrera hacia el hotel. Al pasar cerca de unos
locales pudo escuchar que decían:
-¿Qué le pasa a ese tipo?
-¿Quién sabe? A lo mejor es otro turista que vio el barco el fantasma.
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