jueves, 28 de agosto de 2014

Día 207: Pacto.


El público aplaudía de pie y arrojaba prendas de vestir intimas hacia el escenario, vitoreaban su nombre y le gritaban propuestas indecorosas desde la multitud. De apoco la atmósfera se fue calmando, recogieron los instrumentos, apagaron las luces y empezaron el desarme de la tarima. Entre todos, había un hombre pálido y delgado que se movía con sigilo, la cabeza gacha y el ceño fruncido. Algunos encargados se voltearon para verle, pero rápidamente perdían el interés como si fuera invisible; sólo un obrero mas.
El hombre salió por la puerta trasera que daba a un sucio callejón lleno de vagabundos que lo observaban sobre el hombro antes de regresar a envolver sus cigarros caseros o a dormir sobre trozos de cartón. Un perro le ladró desde algún rincón oscuro, pero pronto se aburrió y se acurrucó junto a su amo sobre una pila de periódicos.

El hombre cargó con el peso de su propia soledad y anonimato, como una sombra que se desliza por la noche y se desvanece ante la luz; bajo aun mas la cabeza, intentando esconderla en el abrigo mientras gruesas lagrimas rodaban por sus mejillas. Cuando hizo su pacto con el oscuro, le habían dicho “Serás la estrella más luminosa mientras estés sobre el escenario, pero cuando bajes nadie podrá verte entre las sombras”.  

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