Si se pierden un poco o no recuerdan, lean el dia 140 y el 109.
Los problemas nunca han ocupado espacio en la mente y tiempo de Levassi;
ella sabe que a la alarga o todo se soluciona o las personas terminan
adaptándose. Esto lo aprendió de la manera más difícil que pudo imaginar: nunca
podría tener hijos, una extraña infección adquirida durante su infancia habían
hecho de su matriz un suelo árido y estéril.
Este hecho la había marcado como una mujer innecesaria, prácticamente
media mujer, pues nunca podría darle a un hombre el honor de la descendencia. Levassi
cayó en una profunda depresión, su único anhelo se había desvanecido. Hasta que
una mañana de primavera pudo ver un grupo de crisálidas abriéndose en un árbol del
jardín, dejando escapar a las mariposas que se calentaban al sol antes de volar.
Pero un grupo de orugas seguían alimentándose y subían por el árbol de manera
perezosa; la idea le llego cual revelación: No todas las orugas se hacen
mariposas.
Con esta idea enterrándose en su cabeza, Levassi por fin fue libre de
dejar de llorar por “quien quería ser” y empezar a disfrutar “quien le tocó ser”.
El asunto con la vida, es que cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos,
los que deseamos suele entregársenos en bandeja de plata. Una tarde con el
cielo bañado en oro, las flores esparcían su olor por el aire denso y cálido
del verano; un hombre joven con una mirada triste y opaca, sentado en una vieja
del parque le recordó su propia depresión. Así que se acercó a él y dándole un
mensaje de esperanza, se alejó entre la multitud.
Cuando el hombre la tomo de la mano y le enseño un frasco con un extraño
liquido en su interior, Levassi no pudo negarse, podía sentir como el universo
le clamaba por ayuda. Además, sintiendo la mano del hombre alrededor de la
suya, supo que eso era todo lo que necesitaba.
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