“Te va a encantar, dicen que es lo
mejor; es muy curioso y divertido” o al menos así lo describían en la agencia
de viaje. Para el año 2156 no habían muchos lugares a los cuales ir de
vacaciones: los transportes se habían vuelto tan rápidos y eficientes que
prácticamente todo el planeta estaba a la vuelta de la esquina; y todo en un
rango de 12 años luz era fácilmente alcanzable en un fin de semana. Sin
embargo, este año se había abierto el así llamado “Turismo Paralelo”; la
posibilidad de ir a otros mundos y experimentar otras vidas se había vuelto
sumamente popular pero costoso.
Jean, amante de lo nuevo y lo
curioso decidió probarlo, tras un par de préstamos y ahorros el viaje estuvo a
su alcance. Pero armado con una maleta de mano y al interior del gran tubo de
cristal, muchas dudas empezaron a asaltarlo: no había conocido a alguien que
hubiera hecho este viaje antes y eso lo tenía algo nervioso. Serían sólo siete
días y seis noches antes de volver con experiencias maravillosas que
levantarían la envidia de sus compañeros en la central eléctrica de la Luna (la
tercera más grande en el sistema solar). Un ingeniero de lentos gruesos
manipulaba botones y medidores mientras alarmas pitaban y silbaban desde todos
lados en la habitación. El sol salía por el horizonte mientras las personas de
la agencia de viaje se despedían con la mano; el ingeniero hizo un gesto y un
olor metálico seguido de un fuerte
chispado y un pitido agudo inundaron sus sentidos.
Sus ojos tardaron unos segundos en
adecuarse a la nueva luz: parecía un atardecer en una oficina parecida a la que
había dejado atrás. Un hombre gordo que empezaba a quedarse calvo lo observó
desde un escritorio.
-Otro que llega, ni idea que vamos a
hacer –Murmuró el sujeto antes de ponerse de pie trabajosamente para acercarse
mientras le tendía la mano.
-¿Usted es el comité de bienvenida? –Preguntó
Jean sintiéndose mareado mientras salía del cilindro de cristal.
-No, sólo soy policía –El hombre
bebió un sorbo de una taza que parecía contener una bebida tibia ya que había
un ligero vapor emergiendo de esta. -¿Quiere un poco de café?
Jean negó con la cabeza, la
sensación de mareo se acrecentó, así que se sentó en la silla más próxima. El
viaje no había sido tan tranquilo como creyó que sería.
-¿Podría indicarme donde queda mi
hotel? –Le preguntó al hombre que se había concentrado en algunos papeles.
-¿Hotel? –La cara del hombre se
dibujo en un gesto de desconcierto. –No sé de que habla.
-Sí, la agencia de viajes me dijo
que alguien me guiaría al llegar –Un extraño temor empezó a surgirle desde atrás
de la garganta y la sensación de mareo se hizo mas intensa. En ese momento un
hombre alto y delgado con una cicatriz en su mejilla entró en la habitación
bebiendo otra taza del líquido caliente.
-Déjeme adivinar: acaba de salir del
tubo y quiere saber donde esta su hotel –Dijo mientras se sentaba junto al
hombre gordo. Jean asintió con la cabeza –Usted es otro de esos turistas “Paralelos”
¿cierto?
Jean asintió de nuevo mientras el
miedo se acrecentaba.
-Bueno, le diré lo mismo que le dije
a todo los otros: En nuestro universo paralelo no existen los viajes interdimensionales,
estamos trabajando en una manera de ponernos en contacto con su universo para
que deje de enviarlos aquí por que no hay manera que nosotros podamos hacerlos regresar
–El discurso se veía claramente monótono y repetitivo: Jean no era la primera
persona a la que le decían eso.
-¡¿Entonces que debo hacer?! –Un vacío
en la pelvis y la sensación de tener la cabeza llena de piedras se apoderó de
él mientras una oleada de pánico le hacía temblar las manos.
Los hombres se miraron y levantaron
sus hombros en un gesto de despreocupación. El hombre regordete siguió bebiendo
y revisando papeles mientras el hombre alto de la cicatriz se cruzaba de
piernas.
-Disfrute sus vacaciones –Dijo con
sarcasmo –Nosotros le llamaremos cuando podamos hacerlo volver.
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