sábado, 27 de septiembre de 2014

Día 237: Paralelo.


“Te va a encantar, dicen que es lo mejor; es muy curioso y divertido” o al menos así lo describían en la agencia de viaje. Para el año 2156 no habían muchos lugares a los cuales ir de vacaciones: los transportes se habían vuelto tan rápidos y eficientes que prácticamente todo el planeta estaba a la vuelta de la esquina; y todo en un rango de 12 años luz era fácilmente alcanzable en un fin de semana. Sin embargo, este año se había abierto el así llamado “Turismo Paralelo”; la posibilidad de ir a otros mundos y experimentar otras vidas se había vuelto sumamente popular pero costoso.
Jean, amante de lo nuevo y lo curioso decidió probarlo, tras un par de préstamos y ahorros el viaje estuvo a su alcance. Pero armado con una maleta de mano y al interior del gran tubo de cristal, muchas dudas empezaron a asaltarlo: no había conocido a alguien que hubiera hecho este viaje antes y eso lo tenía algo nervioso. Serían sólo siete días y seis noches antes de volver con experiencias maravillosas que levantarían la envidia de sus compañeros en la central eléctrica de la Luna (la tercera más grande en el sistema solar). Un ingeniero de lentos gruesos manipulaba botones y medidores mientras alarmas pitaban y silbaban desde todos lados en la habitación. El sol salía por el horizonte mientras las personas de la agencia de viaje se despedían con la mano; el ingeniero hizo un gesto y un olor metálico seguido  de un fuerte chispado y un pitido agudo inundaron sus sentidos.
Sus ojos tardaron unos segundos en adecuarse a la nueva luz: parecía un atardecer en una oficina parecida a la que había dejado atrás. Un hombre gordo que empezaba a quedarse calvo lo observó desde un escritorio.
-Otro que llega, ni idea que vamos a hacer –Murmuró el sujeto antes de ponerse de pie trabajosamente para acercarse mientras le tendía la mano.
-¿Usted es el comité de bienvenida? –Preguntó Jean sintiéndose mareado mientras salía del cilindro de cristal.
-No, sólo soy policía –El hombre bebió un sorbo de una taza que parecía contener una bebida tibia ya que había un ligero vapor emergiendo de esta. -¿Quiere un poco de café?
Jean negó con la cabeza, la sensación de mareo se acrecentó, así que se sentó en la silla más próxima. El viaje no había sido tan tranquilo como creyó que sería.
-¿Podría indicarme donde queda mi hotel? –Le preguntó al hombre que se había concentrado en algunos papeles.
-¿Hotel? –La cara del hombre se dibujo en un gesto de desconcierto. –No sé de que habla.
-Sí, la agencia de viajes me dijo que alguien me guiaría al llegar –Un extraño temor empezó a surgirle desde atrás de la garganta y la sensación de mareo se hizo mas intensa. En ese momento un hombre alto y delgado con una cicatriz en su mejilla entró en la habitación bebiendo otra taza del líquido caliente.
-Déjeme adivinar: acaba de salir del tubo y quiere saber donde esta su hotel –Dijo mientras se sentaba junto al hombre gordo. Jean asintió con la cabeza –Usted es otro de esos turistas “Paralelos” ¿cierto?
Jean asintió de nuevo mientras el miedo se acrecentaba.
-Bueno, le diré lo mismo que le dije a todo los otros: En nuestro universo paralelo no existen los viajes interdimensionales, estamos trabajando en una manera de ponernos en contacto con su universo para que deje de enviarlos aquí por que no hay manera que nosotros podamos hacerlos regresar –El discurso se veía claramente monótono y repetitivo: Jean no era la primera persona a la que le decían eso.
-¡¿Entonces que debo hacer?! –Un vacío en la pelvis y la sensación de tener la cabeza llena de piedras se apoderó de él mientras una oleada de pánico le hacía temblar las manos.
Los hombres se miraron y levantaron sus hombros en un gesto de despreocupación. El hombre regordete siguió bebiendo y revisando papeles mientras el hombre alto de la cicatriz se cruzaba de piernas.

-Disfrute sus vacaciones –Dijo con sarcasmo –Nosotros le llamaremos cuando podamos hacerlo volver.  

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