martes, 1 de julio de 2014

Día 151: Retrato.


La cabaña estaba desolada desde hace mucho, capas y capas de polvo se habían acumulado sobre los pisos y los pocos muebles que permanecían a pesar de las tempestades y el sol calcinante. El equipo de embargo había llegado con los primeros rayos de sol esa mañana, iba asacar todo lo de valor que pudiera hallarse oculto y a destrozar todo lo demás por orden expresa del  nuevo dueño del terreno.

Alexander entro de primero, era menudo con el cabello hasta los hombros y un tatuaje en la muñeca, Fabio le seguía de cerca, era un tipo alto, algo obeso con una ligera calvicie que empezaba a prolongar su frente. Ambos recorrieron el lugar pateando restos de muebles de madera y trapos olvidados por el antiguo duelo de la casa.
-Sabes, cuando yo era niño vivía cerca de aquí, venia a pedir dulces en la noche de brujas. Aquí vivía un anciano y su hijo enfermo, nunca lo dejaba salir a jugar con nosotros –Comentó Alexander mientras subía por las viejas escaleras chirriantes.
-Fantástico, avisaré a los medios –Se burló Fabio mientras forzaba una vieja puerta atorada –Ya cállate y ven a ayudarme.

Pero Alexander se había perdido en el segundo piso “Grandioso” pensó Fabio con sarcasmo, cansado de todo rompió  la vieja puerta de una patada, para encontrar una vieja alacena llena de frascos rotos y vacíos desparramados por el suelo.

Alexander escuchaba las maldiciones de su compañero en el piso inferior, pero el seguía por el largo pasillo, sabía exactamente que buscar. Empujo la puerta de la última habitación y allí, en la pared del fondo, cubierto con una sabana gris estaba el viejo cuadro. Alexander lo destapó, exponiéndolo a la luz del sol después de más 10 años. Era el retrato de un hombre, o algo muy parecido, era un ser de piel gris y ojos negros como el vacío, con una enorme boca que tocaba los bordes internos  del marco, con el cuello exageradamente largo y sin orejas: sin duda era el retrato de un demonio.

-Llevas mucho tiempo oculto viejo amigo  -Le dijo Alexander al cuadro –Debes estar hambriento. Sobre todo después de comerte al chico y a su padre, pero o temas, te traje un bocadillo especial antes de partir.

El habitante del cuadro cambio hasta ser el retrato de una joven muchacha de labios carnosos, piel de melocotón y ojos azules como el cielo que brillaban hacia el infinito.

-¡Oye Fabio! –grito Alexander con una sonrisa macabra en su rostro –Ven, sube, no creerás lo que me acabo de encontrar.

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