lunes, 21 de julio de 2014

Día 171: Alcantarilla.


Las sucias alcantarillas respiraban pesadamente haciendo que su nauseabundo aliento infestara las calles de la ciudad como un firme recordatorio de las porquería y la suciedad que cada ser humano sobre la faz de la tierra dejaba a su paso. El grupo de seis se movía en silencio, muy pegados los unos de los otros, pero sin tropezar; cual ciempiés humano se movía coordinamente entre la mugre y el lodo de las alcantarillas, que serpenteaban a lo largo de la ciudad.
Guiados sólo con una linterna, el grupo se dirigía camino al banco, estaba arreglando algunas instalaciones y por un error deliberado, el banco había quedado vulnerable a un ataque subterráneo. Este “error” era obra de Mateo, uno de los obreros que, con ayuda de una cercana pandilla de colegas, decidieron que o serían obreros para siempre y que esta era la manera mas fácil de salir de sus penurias económicas.
Habían caminado por aproximadamente quince minutos, una pequeña oleada e impaciencia empezó a recorrer el grupo, que se llenaba de susurros y empujones. Mateo los chistó varias veces mientras recorrían el nauseabundo laberinto. Algo llamó la atención de todos, un “splash” indicativo que algo había caído en el agua podrida. Algunas olas se levantaron y golpearon las paredes, llegándoles hasta la rodilla.
El agua continuaba en movimiento, el sonido había cambiado: había algo caminado en el agua. Mateo dirigía el haz en dirección al sonido, pero este siempre se alejaba, como si jugara con ellos. Decidieron que era una rata y continuaron caminando en medio de la oscuridad, estaba cerca al banco y ya era muy tarde para retractarse. Durante el trayecto se sentían observados, perseguidos, les tiraban de la ropa y algo de forma serpenteante se frotaba contra sus piernas; la extraña criatura permanecía esquiva al haz de luz y en varias oportunidades  se escuchaba el eco de risas agudas que esparcían por el túnel.
El camino restante pareció eterno, pero finalmente emergieron en la caja fuerte, Mateo les indicó el camino y permaneció en las alcantarillas hasta que todos habían subido, entonces sintió como se frotaban contra sus piernas, en un ágil movimiento dirigió la linterna y pudo ver a la criatura: era del tamaño de un gato grande, tenia una cola similar a la de las serpientes, estaba cubierto por un pelaje negro y brilloso por el que se asomaban algunas espinas, sus patas eran cortas y terminaban en largas garras. En su cabeza había un par de orejas de murciélago, la criatura no tenía ojos y una gran nariz de rata encapotaba una fila de dientes amarillos y desiguales que sobresalían de su boca.
Lo vio durante sólo un segundo, pero el pánico lo invadió, subió rápidamente pero no pudo serenarse mientras empacaban el dinero. Nadie pudo convencerlo de volver a bajar, a pesar que no habían mas rutas de escape; entonces Mateo ilumino el pequeño túnel desde arriba y todos pudieron ver a la criatura jugueteando en el agua. A la mañana siguiente seis personas fueran capturadas por un robo fallido al banco.
-Que raro –Dijo el policía que rellenaba el papeleo, todos habían admitido la culpa por sugerencia de sus abogados, pero ninguno había explicado porque no habían huido –El túnel estaba allí, el agujero estaba abierto y no se había activado la alarma ¿Por qué sencillamente no huyeron?
Su compañero levanto los hombros en un gesto de desinterés
-¿Quien sabe? Tal vez estaban locos de culpa o… -Se metió un cigarrillo a la boca –Ya sabes lo que dicen, hay muchas cosas raras andando por las alcantarillas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario