La gente esperaba con impaciencia el próximo tren, algunos estaban sentados
en las bancas, otros estaban de pie, junto al lugar de llegada, mientras
miraban sus relojes de manera unísona y mecánica en la estación.
Alex miraba una gotera en el techo, recostado contra la pared, abrazando
el viejo maletín contra su pecho delgado. Alex era de esas personas que se han
hecho muy comunes en nuestros días, con su cabello corto en flecos, su figura y
rostro finos y delgados, de una gran estatura, pero sin sobresalir demasiado,
con una camisa delgada y de color pastel, unos jeans y unas botas; las personas
debían mirar dos veces antes de saber si era hombre o mujer y muchos de ellos
no podían determinarlo, dejando en sus rostro una mueca de incertidumbre que divertía
a Alex.
El tren tenía ya media hora retraso y una creciente ola de suspiras y de
sorpresa llenaba la creciente multitud. Una niña pequeña tiro del pantalón de
Alex mientras hacia torpes intentos de caminar sin tropezarse. Alex estiró su
mano y puso de pie de nuevo a la niña que vagaba sola por la estación, la
observo durante un momento, quería asegurarse que nadie indebido la tocara.
Pero una mujer salió corriendo de la multitud para tomar a la pequeña y llenarla
de besos, aparentemente era su madre.
Alex desvió la mirada, la escena ya no le traía ningún interés.
Finalmente el tren llegó con un gran chirrido y en cuanto las puertas se
abrieron la ola de humanidad se precipitó hacia el interior. Alex se tomó su
tiempo, no tenia ninguna intención de frotar todos esos cuerpos contra el suyo.
Por fin pudo encontrar un lugar entre la
multitud donde su cuerpo encajó.
Tras unos minutos de música saliendo de su celular y subiendo por los audífonos,
Alex pudo ver a una chica leyendo un viejo libro con un titulo en francés, y en
un arranque de valor maniobró por la muralla de personas hasta situarse a su
lado. La chica tenia el cabello rojizo hasta los hombros, la nariz respingada y
los ojos verdes, que se asomaban tras unas gafas delgadas, con una blusa de
seda azul y una falda blanca que revelaba unas piernas largas y contorneadas.
Alex se sentó a su lado e inicio una conversación acerca del libro, del autor,
de otras obras y de apoco se inmiscuyó en la vida de la muchacha. Ella
escuchaba maravillada y no podía evitar sentirse halagada mientras Alex hacía
discretos cumplidos sobre su cuerpo y su mente. Eventualmente el tren anuncio
su parada, así que ella le tendió un papel con su numero telefónico.
-Espera –Dijo la chica antes de bajarse, a pesar de haber pasado casi
una hora con Alex había algo que aún no había podido determinar -¿Eres un chico
o una chica?
Alex levantó una ceja y dibujando una sonrisa picara respondió “¿Acaso
importa?” Entonces la chica se sonrojó de una manera que hizo que a Alex se le
hinchara el corazón; y negó con la cabeza “Claro que no importa” dijo la chica
antes de bajarse.
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