-Vengan rápido –Indicó Camilo haciendo señas con su mano derecha, mientras
sujetaba con la otra una linterna que apuntaba a algún punto a la salida del
bosque –Esto les va a encantar.
El grupo de cinco jóvenes atravesó a tropezones el espeso monte que los
envolvía, Jaime en realidad no quería ir, pero no quería a dejar a su hermana
Jazmín con ese sujeto: apenas y se conocían, además la apariencia desaliñada de
Camilo le daba mala impresión. Otra pareja los seguía de cerca: la mejor amiga
de su hermana, Jhoana y su novio, Marco reían divertidos mientras se hacían
comentarios al oído.
Al salir del lugar todos guardaron la respiración: un gran laberinto de
espejos rotos y cristales empañados se erguía al borde de un conjunto de
edificios abandonados. Obviamente ese lugar había sido una feria en algún
momento: diversos puestos cuya pintura se había oxidado mostraban carteles
parciales de fenómenos como la mujer barbuda y el hombre más fuerte del mundo.
El esqueleto de una rueda de la fortuna levantaba su contorno como un gigante
silencioso que vigilaba el lugar; algunos puestos de comida yacían cerrados con
la maleza creciendo por sus paredes y nidos sobre sus techos.
-Genial, ¿no creen? –Camilo le dio la espalda al lugar mientras habría los
brazos lleno de entusiasmo –Lo encontré una vez que vine a cazar pájaros, ya no
se pueden usar muchos de los juegos como los autos chocones y casi todos los
puestos están cerrados o vacíos, pero aún podemos ir al laberinto de espejos.
-¿Por qué dejaron todo aquí? –Preguntó Jaime en voz alta mientras observaba
el lugar, esperando que algún lúgubre fantasma brotara de alguno de los puestos
o alguna tétrica voz les advirtiera que no entraran allí –Parece que se
hubieran ido corriendo.
-Ni idea, tal vez estaba arruinados y sacar las cosas de aquí era demasiado
costoso –Camilo levantó los hombres con indiferencia –Vamos, será divertido
¿Todos trajeron sus linternas?
Los jóvenes se miraron entre sí, nadie estaba seguro de querer entrar en
ese lugar en medio de la noche, de hecho, ahora todos deberían estar haciendo
la tarea de casa de Camilo, pero cuando este les ofreció una gran aventura no
pudieron negarse. Camilo agitó su linterna y todos los demás sacaron las suyas.
-Bien, esto es lo que haremos… -Camilo estaba al borde de la euforia cuando
lo interrumpieron.
-Espera, ¿Y si nos perdemos dentro del laberinto? –Jhoana se mostró
nerviosa mientras apretaba la mano de su novio.
-Eso no es problema –Camilo negó con la cabeza mientras la sonrisa seguía
dibujada en su rostro –Yo ya lo conozco de pies a cabeza, hay muchas salidas en
parte por los cristales rotos; además de noche es más fácil porque puedes
iluminar las paredes y así te darás cuenta si e un vidrio o un espejo.
La duda seguía dibujada en la cara de las jóvenes mientras los dos chicos
se miraban con claras intenciones de marcharse.
-Vamos, si en quince minutos no hemos salido yo voy y los saco a todos
–Camilo junto sus manos en son de súplica.
-¿En serio conoces bien ese lugar? –Jazmín preguntó mientras tragaba salida
y veía la gran estructura prismática frente a ella. –Pruébalo.
-Claro –Camilo asistió gustoso e ingresó por la puerta de la izquierda,
pasados unos tres minutos salió corriendo por la puerta de la izquierda, sin su
linterna –Ven, les dije que conozco el lugar.
-¿Y tú linterna? –Preguntó Marco al verlo -¿Dónde quedó?
-La dejé en una esquina para indicar por cual deben salir –Camilo señaló la
puerta derecha por donde se divisaba un giro y el haz de luz saliendo desde un
pasillo lateral –Lo hice porque ese es el lado más difícil ya que allí
confluyen tres corredores, pero yo me guiaré con la luz de mi celular. Ahora
por favor ¿Podemos hacerlo? Va a ser tan divertido si lo hacemos todos juntos.
Todos se miraron de nuevo, viendo todos los esfuerzos del muchacho por
lograr un “Sí” y lo seguro que parecía ahora con la demostración de la salida,
decidieron aceptar. Para hacerlo más divertido –Propuso Camilo –entrarían de a
uno, cada dos minutos: primero un chico
luego las dos chicas y luego el otro chico. Por ultimo entraría Camilo y
si en quince minutos no habían logrado salir, él los sacaría a todos.
Jaime fue el último en entrar, precedido por su hermana, a quien vigiló
hasta perder de vista en un giro, los dos minutos pasaron y antes de entrar se
giró hacía Camilo: “Quince minutos desde ahora” dijo mientras lo señalaba a
modo de amenaza, pero el chico rio divertido. Se apresuró a encontrar a su
hermana, pero la luz rebotaba en los diferentes cristales y diversos reflejos
que parecían provenir desde todos los lugares lo distraían. No encontraba a su
hermana ¿habría girado por otro pasillo? De hecho no se había encontrado con
nadie, ni siquiera veía los otros haces de luz de los demás; no podía escuchar
sus risas ni sus pasos, era como si estuviera sólo en medio de la oscuridad y
los espejos. ¿Los otros ya habían conseguido salir de aquel lugar?
Giro a la derecha y de nuevo a la izquierda, pero se encontró con un pasillo
sin salida, trató de deshacer sus pasos, pero sin importar donde girara,
siempre terminaba frente a un espejo o a un cristal sucio. Miro su reloj con
impaciencia, aún faltaban siete minutos para que Camilo entrara a sacarlo,
Jaime decidió quedarse quieto, así sería más fácil de encontrar; contrario al
exterior, el interior de laberinto estaba sorprendentemente bien mantenido: el
pasto corto, los vidrios intactos y los espejos limpios. “Sospechoso” pensó
Jaime, quien ahora sentía el preludio de una tragedia; empezó a caminar
tratando de calmarse. Giró por un pasillo que no había visto antes y tras
doblar otra esquina vio aliviado el haz de luz de la linterna de Camilo
indicándole por donde debía salir.
Suspiró aliviado, ahora con la salida tan cerca se sintió tonto al temerle
a aquel viejo lugar. Camilo tenía razón, sí había sido muy divertido,
definitivamente era una historia que le contaría a sus amigos, tal vez hasta
los traería para que ellos lo intentaran. Al terminar el pasillo, un pánico
repentino lo atacó: sujetando la linterna estaba el cadáver a medio descomponer
de un joven vestido de la misma manera de Camilo. Algo llamó la atención de
Jaime por el rabillo del ojo: sus amigos estaba afuera y alguien más salía del
laberinto, al principio le costó reconocerlo: sus hombros anchos y su nuca
pecosa, pero fue muy claro al ver su chaqueta roja y sus botas grises: era él
mismo.
Jaime trató de gritar para llamar la atención de todos pero los cristales
ahogaban su voz. El grupo de afuera se reía y se lanzaban golpes amistosos,
todos parecían felicitar a Camilo por llevarlos a tal aventura; incluso su
hermana se abrazaba a aquel misterioso ser que se había robado su apariencia.
Jaime horrorizado se giró para buscar el lugar por donde había entrado, pero se
dio de frente con un gran muro de cristal. Buscó con sus manos el borde que
daba hacía el pasillo, pero todo lo que hizo fue palpar el interior de una gran
caja traslucida que lo contenía a él y al cuerpo. Observó de nuevo al exterior
y vio como el grupo partía de regreso al bosque; golpeó el cristal con fuerza,
tratando de llamar la atención, pero todo fue en vano. Justo antes de perderlos
de vista, en un gesto fugaz la entidad que tomó su forma se giró y le guiñó el
ojo antes de perderse en la oscuridad.
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