jueves, 15 de enero de 2015

Día 345: Hombre.


Floretino Zapata era un hombre acomplejado, más no complejo. Desde niño su nombre –heredado de su abuelo, un gran militar de las guerrillas –fue motivo de  burlas por parte de sus compañeros de clase y primos en reunión familiares. Siempre tuvo la esperanza de crecer como un hombre varonil: con el grueso de un tronco, una barba espesa y una voz potente; sin embrago pasada la pubertad resulto un joven larguirucho con voz de flauta y la piel llena de cicatrices por un agresivo acné. Su cabello ondulado caía sobre su cabeza dándole facciones más delgadas y respingadas para su horror había desarrollado una pequeña cadera que resaltaba fácilmente en su esbelto cuerpo.
Con el paso de los años se había convertido en un hombre frustrado, cuyos paradigmas habían sido empujados a los extremos, se sentía atacado por los juicios de todos y constantemente juzgado tanto por su apariencia como por su modo de pensar. La vida empezó a parecer un largo túnel que se obscurecía y estrechaba conforme Florentino avanzaba y el camino se hacía día a día mas insoportable.
Tal vez fuera por esto que cuando lo encontraron colgado del candelabro de su casa, totalmente desnudo –probablemente para que nadie dudara de su masculinidad biológica –nadie se sorprendiera más allá de la fecha elegida: el aniversario de la muerte de su abuelo. No tardaron mucho en llevárselo: su cuerpo rígido se desprendió como una sola pieza extra del edificio, sin ruidos ni olores; como si nadie jamás lo hubiese habitado.
-¿Por qué crees que lo haya hecho? –Preguntó uno de los encargados de la morgue mientras lo subían al camión.

-Quien sabe –Le respondió una muchacha menuda con un tatuaje de una catrina en el cuello –Tal vez no fuera lo suficientemente hombre como para vivir.

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