viernes, 16 de enero de 2015

Día 346: Optimismo.


Y debo mantenerme así: dolorosamente optimista, con una sonrisa que ha cicatrizado en  esa posición, con los ojos opacos pero la mirada reluciente. No importa la antología de cicatrices o la inauguración de nuevas heridas, debo mantenme en el empinado camino del optimismo, ya que de dejarlo podría morir en la caída.
Debo creer que mi vida sólo puedo mejorar, aunque todo se esté yendo al diablo; ya que si tuviera la certeza que todo empeorara no podría continuar, no habría motivo para abrir los ojos y quedarme. Por más inútil que parezca y por más doloroso que sea, debo confiar en que de alguna manera, en algún del tiempo y del planeta hay algo forjándose para mí. Me niego a creer que mi entera existencia este destinada –a pesar de mis esfuerzos y trabajo –a ser una colección de errores y moralejas de “como no hacer las cosas”.
Es mi obligación juntar las piezas, tomar aire y empezar de nuevo, ver cada día como otra oportunidad de mejorar, soñar con alcanzar la cima de la gran montaña que he estado escalando. Que nada será eterno y que todo por lo que he pasado resultara en la suma de aprendizajes, lecciones y moralejas que permitirán a mi espíritu cansado momentos de serenidad y dicha.

Sólo me queda soñar la calma tras la tormenta. 

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