Hace referencia a molestar o bromear fuerte con una persona.
Una ligera lluvia llenaba el aire, como humedad suspendida o vaporizada
desde alguna máquina que recorría las calles durante la noche, esparciendo
pequeñas gotas de agua. La calle estaba vacía, excepto por algunos autos lleno
de lodo aparcados junto a un edificio, un perro callejero refugiado bajo la
mesa de una cafetería, un vendedor ambulante que sujeta la sombrilla con una
mano y la mercancía con la otra; y un joven en bicicleta, asechando bajo un
puente peatonal.
Una mujer con vestido rojo corría desde un taxi en dirección a un gran
edificio gris, con una pequeña entrada casi oxidada, la mujer se cubría la
cabeza con el bolso negro mientras trataba de no tropezar con sus altos
tacones, el joven afiló la vista a tiempo que se frotaba las manos: la mujer
estaba distraída mientras eludía ágilmente los pequeños agujeros que habían en
la calle.
El joven bajó de bicicleta, acercándose silenciosamente a la mujer,
apretando sus manos nerviosas contra su pecho húmedo por la lluvia. A ella se
le cayeron las llaves en un pequeño charco lodoso, haciéndole emitir un largo y
desesperado suspiro; ahora estaba distraída, era el momento perfecto para
atacar. El muchacho se situó a sus espaldas y lanzó un grito agudo que hizo eco
en toda Lacalle, pasando por sobre el ruido de la lluvia que aumentaba. La
mujer olvido sus llaves en el suelo, y corriendo lo más rápido que sus tacones se lo permitían, entró agitada
a una cafetería mientras el chico corría de regreso a su bicicleta, bajo el
puente.
El chico reía divertido de la expresión de la mujer y su rápida reacción,
no se esperaba que pudiera correr tan aprisa, en parte se sentía decepcionado,
se había imaginado a la elegante mujer cayendo en un charco.
-Deja eso ya –El vendedor ambulante regañaba al joven bromista sin dejar su
puesto –No sea que por chufletear así te pase algo malo.
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