Como
mi padre era el encargado del departamento de Objetos perdidos y encontrados
del metro, era común que llevara artilugios interesantes y curiosos: desde un
reloj que corría en el sentido opuesto al de los demás, libros de hojas resecas
y amarillentas, hasta una extraña chaqueta que parecía estar hecha con piel
humana que se pudrió en una sola noche. Sin embargo, por lejos, lo más extraño
que ha llevado mi padre a casa fue una caja de madera, similar a un pequeño
cofre pero con varias palabras y símbolos tallados a lo largo y ancho de su superficie.
Era obvio que la caja había pasado por tiempos mejores, ahora difícilmente se
veían las palabras y los iconos que la adornaban; partes de la caja parecían
estar pudriéndose mientras otras estaban oxidadas. Desprendía un extraño olor a
flores secas y se escuchaba como si cientos de insectos se movieran en su
interior.
El
verdadero motivo por el cual trajo la caja a casa, es un misterio para mí –“No
sé” –Me dijo levantado los hombros mientras cenábamos y llevaba una cucharada
de puré de papa a su boca –“Sentí que tenía que traerla” –La caja paso olvidada
algunos años, primero en el desván, luego en un armario donde poníamos las
cosas de navidad, en la chochera debajo de un montón de periódicos viejos y
finalmente en una repisa de mi cuarto en la universidad. Más que como adorno la
tenía para sostener mis libros.
-¿Y
nunca la has abierto? -No esperaba que
Martha mostrara interés en el objeto que me había acompañado durante tanto
tiempo, me gire a verla: jugueteaba con la caja, pasándola rápidamente y
examinando sus marcas gastadas por el tiempo -¿No te da curiosidad lo que hay
adentro?
-Para
ser sincera, creo que sólo tiene bichos adentro, a veces los oigo aletear –Martha
era menuda, con el cabello rojizo cobre y enmarañado hasta los hombros, tenía
un hoyuelo en la parte izquierda de su sonrisa y unas mejillas muy rosadas que
me ponían nerviosa. He tenido muchas amigas, pero ninguna que me haga sentir
así –Temo que si la abro termine con las manos llenas de arañas.
-Si
hubieran insectos adentro se habrían muerto, o al menos los hubieras visto
salir por algún agujero, pero la caja está intacta –Martha se acercó la caja al
oído y la sacudió –Vieja pero intacta.
-No
sé ehhh… la verdad creo que lo atractivo de la caja es que no sé lo que hay
adentro –Le digo mientras levanto mis hombros y recupero la caja de entre sus
dedos flacos y callosos por tocar la guitarra –Si supiera lo que haya adentro,
entonces sería sólo una caja llena de porquerías.
Martha
sonrió y dejo ver sus grandes dientes blancos, incluyendo ese diente picado que
se rompió el verano pasado cuando le aposte a saltar la piscina desde el
segundo piso. El hoyuelo también se dibujó y sus ojos parecieron brillar.
-Como
sea, es tarde y mañana tengo examen temprano ¿Te veré para almorzar, cierto? –Martha
se acerca para despedirse de mí y al darme el beso de las buenas noches me
pongo algo nerviosa y termino besando la mitad derecha de sus labios. Sus
mejillas se hacen aún más rosadas y el hoyuelo se hace más profundo; se nota
que está feliz - ¿Me acompañaras a almorzar, cierto?
-Ah,
claro, te guardaré un asiento en las mesas de atrás –Le digo mientras siento
como mis manos se ponen sudorosas, pero más por miedo, es por ansias de que
llegue el almuerzo –Suerte en tu examen.
Martha
se despide desde la puerta y me deja a solas. Caigo de espaldas sobre la cama
con un largo suspiro, mi mente se dispersa en millones de pensamientos: el
almuerzo de mañana, la clase de cálculo, la asesoría con el director de las
practicas, llevar el auto al mecánico, llamar a mi hermana por su cumpleaños el
próximo martes, escribirle a la abuela para que sepa que sí recibí su abrigo y
su pequeña cantidad de dinero que acostumbra a mandarme, la caja… ¡La caja!
Ahora
me es imposible no pensar en su contenido, es cierto, nunca había visto nada
salir de ella y el zumbido de los insectos no había desaparecido a pesar de los
años. La examino de nuevo, tal y como lo hice el primer día que mi padre la
llevara a casa: A medio oxidar y a medio podrir, con varias tallas en su
superficie, pero ninguna legible, con su acostumbrado olor a flores y algo que
noto ahora; la caja vibra levemente. El sistema de seguro que la mantiene
cerrada es un broche de acero y cuero a medio diluirse, aprieto los costados de
la cerradura y la correa de libera. El olor se hace más fuerte, ahora también huele
a tierra húmeda y manzanas.
Abro
la tapa que resuena con un chillido y un haz de luz escapa del centro de la
caja; no es una línea recta, parece más un montón de humo fosforescente que se
escapa por la ventana. Examino el interior pero no parece haber nada capaz de generar
este fenómeno: la caja esta vacía excepto por el haz de luz. Tras unos cuantos
segundos la luz desaparece y con ella los olores, el sonido y la vibración;
para mi sorpresa todas las marcas en su superficie se han desvanecido y al
interior de la tapa se puede leer una sola palabra escrita en letras mayúsculas:
PANDORA.
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