jueves, 30 de octubre de 2014

Día 269: Haz.


Como mi padre era el encargado del departamento de Objetos perdidos y encontrados del metro, era común que llevara artilugios interesantes y curiosos: desde un reloj que corría en el sentido opuesto al de los demás, libros de hojas resecas y amarillentas, hasta una extraña chaqueta que parecía estar hecha con piel humana que se pudrió en una sola noche. Sin embargo, por lejos, lo más extraño que ha llevado mi padre a casa fue una caja de madera, similar a un pequeño cofre pero con varias palabras y símbolos tallados a lo largo y ancho de su superficie. Era obvio que la caja había pasado por tiempos mejores, ahora difícilmente se veían las palabras y los iconos que la adornaban; partes de la caja parecían estar pudriéndose mientras otras estaban oxidadas. Desprendía un extraño olor a flores secas y se escuchaba como si cientos de insectos se movieran en su interior.

El verdadero motivo por el cual trajo la caja a casa, es un misterio para mí –“No sé” –Me dijo levantado los hombros mientras cenábamos y llevaba una cucharada de puré de papa a su boca –“Sentí que tenía que traerla” –La caja paso olvidada algunos años, primero en el desván, luego en un armario donde poníamos las cosas de navidad, en la chochera debajo de un montón de periódicos viejos y finalmente en una repisa de mi cuarto en la universidad. Más que como adorno la tenía para sostener mis libros.

-¿Y nunca la has abierto?  -No esperaba que Martha mostrara interés en el objeto que me había acompañado durante tanto tiempo, me gire a verla: jugueteaba con la caja, pasándola rápidamente y examinando sus marcas gastadas por el tiempo -¿No te da curiosidad lo que hay adentro?

-Para ser sincera, creo que sólo tiene bichos adentro, a veces los oigo aletear –Martha era menuda, con el cabello rojizo cobre y enmarañado hasta los hombros, tenía un hoyuelo en la parte izquierda de su sonrisa y unas mejillas muy rosadas que me ponían nerviosa. He tenido muchas amigas, pero ninguna que me haga sentir así –Temo que si la abro termine con las manos llenas de arañas.

-Si hubieran insectos adentro se habrían muerto, o al menos los hubieras visto salir por algún agujero, pero la caja está intacta –Martha se acercó la caja al oído y la sacudió –Vieja pero intacta.

-No sé ehhh… la verdad creo que lo atractivo de la caja es que no sé lo que hay adentro –Le digo mientras levanto mis hombros y recupero la caja de entre sus dedos flacos y callosos por tocar la guitarra –Si supiera lo que haya adentro, entonces sería sólo una caja llena de porquerías.

Martha sonrió y dejo ver sus grandes dientes blancos, incluyendo ese diente picado que se rompió el verano pasado cuando le aposte a saltar la piscina desde el segundo piso. El hoyuelo también se dibujó y sus ojos parecieron brillar.

-Como sea, es tarde y mañana tengo examen temprano ¿Te veré para almorzar, cierto? –Martha se acerca para despedirse de mí y al darme el beso de las buenas noches me pongo algo nerviosa y termino besando la mitad derecha de sus labios. Sus mejillas se hacen aún más rosadas y el hoyuelo se hace más profundo; se nota que está feliz - ¿Me acompañaras a almorzar, cierto?

-Ah, claro, te guardaré un asiento en las mesas de atrás –Le digo mientras siento como mis manos se ponen sudorosas, pero más por miedo, es por ansias de que llegue el almuerzo –Suerte en tu examen.

Martha se despide desde la puerta y me deja a solas. Caigo de espaldas sobre la cama con un largo suspiro, mi mente se dispersa en millones de pensamientos: el almuerzo de mañana, la clase de cálculo, la asesoría con el director de las practicas, llevar el auto al mecánico, llamar a mi hermana por su cumpleaños el próximo martes, escribirle a la abuela para que sepa que sí recibí su abrigo y su pequeña cantidad de dinero que acostumbra a mandarme, la caja… ¡La caja!

Ahora me es imposible no pensar en su contenido, es cierto, nunca había visto nada salir de ella y el zumbido de los insectos no había desaparecido a pesar de los años. La examino de nuevo, tal y como lo hice el primer día que mi padre la llevara a casa: A medio oxidar y a medio podrir, con varias tallas en su superficie, pero ninguna legible, con su acostumbrado olor a flores y algo que noto ahora; la caja vibra levemente. El sistema de seguro que la mantiene cerrada es un broche de acero y cuero a medio diluirse, aprieto los costados de la cerradura y la correa de libera. El olor se hace más fuerte, ahora también huele a tierra húmeda y manzanas.

Abro la tapa que resuena con un chillido y un haz de luz escapa del centro de la caja; no es una línea recta, parece más un montón de humo fosforescente que se escapa por la ventana. Examino el interior pero no parece haber nada capaz de generar este fenómeno: la caja esta vacía excepto por el haz de luz. Tras unos cuantos segundos la luz desaparece y con ella los olores, el sonido y la vibración; para mi sorpresa todas las marcas en su superficie se han desvanecido y al interior de la tapa se puede leer una sola palabra escrita en letras mayúsculas: PANDORA. 

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