El bar estaba solo, inundando por el olor a la cerveza rancia desparramada
por el piso y el tictac de un viejo reloj cucú con las manecillas torcidas. Jorge
fumaba con ira su delgado cigarrillo que ardía produciendo un sonido similar a
un grito ahogado; con la mirada perdida en la pared tras la cabeza de Camila
quien observaba atónita una mosca muerta flotar en su vaso de cerveza. Estaba melancólica,
sentía como la herida de su pecho se hacía más grande a cada momento.
Afino su vista: los ojos marrones de Jorge se veían más oscuros que de que
costumbre, hoy tenía una ligera barba que apenas se levantaba sobre su piel con
algunas cicatrices por acné juvenil. Jorge fijó su vista un segundo su atención
en el juvenil rostro de Camila, sus ojos tímidos, casi congelados, su nariz
respingada y el hoyuelo en la mejilla.
-¿Ya habías hecho eso antes? –Preguntó Camila rompiendo el silencio creado
entre ellos.
-Algunas veces –Jorge salió de su trance lentamente, desvaneciendo su aparente
ira –Pero es menos común de lo que piensas.
-La necrofilia es más común de lo que crees –Dijo Camila dando un largo
trago a su cerveza, a pesar de la mosca.
-¿Qué quieres decir? –Jorge no esperaba eso, el cometario provino de la
nada, como salido de una conversación al azar en cualquier otro lugar del
mundo.
-La gente no está consciente de si se acuestan con alguien que está muerto
por dentro. –Y terminó su cerveza de un largo sorbo.
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