miércoles, 17 de diciembre de 2014

Día 316: Necrofilia.

El bar estaba solo, inundando por el olor a la cerveza rancia desparramada por el piso y el tictac de un viejo reloj cucú con las manecillas torcidas. Jorge fumaba con ira su delgado cigarrillo que ardía produciendo un sonido similar a un grito ahogado; con la mirada perdida en la pared tras la cabeza de Camila quien observaba atónita una mosca muerta flotar en su vaso de cerveza. Estaba melancólica, sentía como la herida de su pecho se hacía más grande a cada momento.
Afino su vista: los ojos marrones de Jorge se veían más oscuros que de que costumbre, hoy tenía una ligera barba que apenas se levantaba sobre su piel con algunas cicatrices por acné juvenil. Jorge fijó su vista un segundo su atención en el juvenil rostro de Camila, sus ojos tímidos, casi congelados, su nariz respingada y el hoyuelo en la mejilla.
-¿Ya habías hecho eso antes? –Preguntó Camila rompiendo el silencio creado entre ellos.
-Algunas veces –Jorge salió de su trance lentamente, desvaneciendo su aparente ira –Pero es menos común de lo que piensas.
-La necrofilia es más común de lo que crees –Dijo Camila dando un largo trago a su cerveza, a pesar de la mosca.  
-¿Qué quieres decir? –Jorge no esperaba eso, el cometario provino de la nada, como salido de una conversación al azar en cualquier otro lugar del mundo.
-La gente no está consciente de si se acuestan con alguien que está muerto por dentro. –Y terminó su cerveza de un largo sorbo. 

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