La fiesta al interior había alcanzado su punto álgido, risas y el chocar de
algunas copas en brindis difíciles de entender por la ebriedad de quienes los
profesaban, El par de ladrones asechaban fuera de la casa del rancho, ahora era
el momento perfecto, todos estaban distraídos. Empujaron el barril de vino por
el oscuro jardín, el ruido de liquido meciéndose al interior era lo único que
se oía a lo largo de todo el lugar, no habían grillos, sapos, ni siquiera los
animales en los establos profesaban algún sonido.
-¿Y el vino vale la pena? –Gerardo, el bajo y regordete casi ni hacía
fuerza para empujar el voluminoso objeto -¿Por qué no compran un botella y
sacan de allí la receta?
-No han podido –Antonio, el alto tuerto se esforzaba por no perder el
control del barril –Creen que hay algo en los barriles que no aparece en las
botellas, tal vez la madera con que este hecha o algo así.
Subieron dificultad el barril a la parte trasera del auto mientras
observaban paranoicos a su alrededor en busca de testigos o señales de una
huida prematura; pero todo estaba en calma. Gerardo subió al asiento del
acompañante y encendió un cigarrillo con el pequeño dispositivo bajo la radio,
Antonio se ubicó frente al volante y ajustó su cinturón de seguridad.
-Este trabajo fue fácil, y lo pagan muy bien –dio una larga expiración,
sacando de su cuerpo una gran nube de humo –¿Por qué será? Creí que iban a
haber más problemas.
-Nadie quería hacerlo –Antonio intentaba guiarse en medio de la oscuridad,
si encendí las luces podría llamar la atención, pero el sonido del motor estaba
cubierto por la música –Se supone que el dueño tiene un pacto con el diablo
para evitar que la receta sea robada.
-Eso es ridículo –Gerardo termino su cigarrillo con una profunda inhalación
y abrió su ventana para desecharlo, en ese momento un gran corcel negro de ojos
rojos asomo su cabeza al interior de la cabina lanzando un largo relincho agudo.
Los hombres lanzaron un grito que irrumpieron en la fiesta, todos los
invitados se asomaron a la entrada y a través de las ventanas, rápidamente el
grupo de seguridad encendió las luces exteriores y rodearon la camioneta:
estaba vacía y del lado del pasajero se observan un solo par de huellas de
herraduras y un cigarrillo encendido rodeados de un penetrante olor a azufre.
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