sábado, 27 de diciembre de 2014

Día 326: Corcel.

La fiesta al interior había alcanzado su punto álgido, risas y el chocar de algunas copas en brindis difíciles de entender por la ebriedad de quienes los profesaban, El par de ladrones asechaban fuera de la casa del rancho, ahora era el momento perfecto, todos estaban distraídos. Empujaron el barril de vino por el oscuro jardín, el ruido de liquido meciéndose al interior era lo único que se oía a lo largo de todo el lugar, no habían grillos, sapos, ni siquiera los animales en los establos profesaban algún sonido.
-¿Y el vino vale la pena? –Gerardo, el bajo y regordete casi ni hacía fuerza para empujar el voluminoso objeto -¿Por qué no compran un botella y sacan de allí la receta?
-No han podido –Antonio, el alto tuerto se esforzaba por no perder el control del barril –Creen que hay algo en los barriles que no aparece en las botellas, tal vez la madera con que este hecha o algo así.
Subieron dificultad el barril a la parte trasera del auto mientras observaban paranoicos a su alrededor en busca de testigos o señales de una huida prematura; pero todo estaba en calma. Gerardo subió al asiento del acompañante y encendió un cigarrillo con el pequeño dispositivo bajo la radio, Antonio se ubicó frente al volante y ajustó su cinturón de seguridad.
-Este trabajo fue fácil, y lo pagan muy bien –dio una larga expiración, sacando de su cuerpo una gran nube de humo –¿Por qué será? Creí que iban a haber más problemas.
-Nadie quería hacerlo –Antonio intentaba guiarse en medio de la oscuridad, si encendí las luces podría llamar la atención, pero el sonido del motor estaba cubierto por la música –Se supone que el dueño tiene un pacto con el diablo para evitar que la receta sea robada.
-Eso es ridículo –Gerardo termino su cigarrillo con una profunda inhalación y abrió su ventana para desecharlo, en ese momento un gran corcel negro de ojos rojos asomo su cabeza al interior de la cabina lanzando un largo relincho agudo.

Los hombres lanzaron un grito que irrumpieron en la fiesta, todos los invitados se asomaron a la entrada y a través de las ventanas, rápidamente el grupo de seguridad encendió las luces exteriores y rodearon la camioneta: estaba vacía y del lado del pasajero se observan un solo par de huellas de herraduras y un cigarrillo encendido rodeados de un penetrante olor a azufre. 

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